De los 9 millones de hectolitros de vino en damajuana que se vendían en el país a principios de los años 90, hoy se vende menos de 1 millón. Algunas bodegas que envasan con este formato, prefieren resignar rentabilidad a sacarlas del mercado.
Sabemos que en lo que a vitivinicultura y vino se refiere, todo cambia. Pero la damajuana subsiste. De alguna manera siento fascinación por adentrarme en la vida contemporánea de este envase tan querido que trae a mi memoria relatos de otra época, en los que el vino era el invitado de honor a la mesa cotidiana, ya fuera junto con el sifón de soda para beberlo como refresco –incluso a los niños se les permitía beber un sorbito del famoso “potrillo” - o con el postre, como le gustaba a mi abuelo, con duraznos, peras y otras frutas de estación.
A los muy jóvenes esto puede sonarles historia antigua pero lo cierto es que aún muchas familias argentinas beben vino a diario gracias a que pueden pagar, tal vez no 20 pesos la botella de 750cc, pero sí 30 pesos por una damajuana de 5 litros de vino tan bueno como el que más.
¿Vino de buena calidad? Claro. Es un mito creer que el vino bueno solamente viene en botella. Existen vinos de varietales de las llamadas “primeras zonas” – Maipú, Luján, Tupungato - en damajuana que no tienen nada que envidiar a los vinos en botella. En damajuana también se envasan vinos básicos muy correctos. Por supuesto, en la viña del señor hay de todo. Los hay buenos, mediocres y malos. Pruebe, busque y encontrará.
Algunos van bien, otros no tanto
La caída libre del vino en damajuana tuvo su arranque en 1993, cuando murieron varias personas que habían consumido los vinos “Mansero” y “Soy Cuyano”, de la bodega sanjuanina Torraga. Entonces se vendían 9 millones de hectolitros en damajuanas, y en 2009 apenas 770.000 hectolitros.
El desplome que sufrieron varias etiquetas se frenó a partir del 2000 y la damajuana entró en una meseta de la que no salió.
Actualmente el desempeño de su comercialización no es parejo.
Para algunas bodegas es óptimo o muy bueno, si el volumen que venden es importante. Para otros, en cambio, factores como la competencia desleal, los altos costos de reposición de los envases, la fuerte competencia que representa el tetra en vinos genéricos y los mejores márgenes de ganancia que deja el vino embotellado y a granel, son condicionantes para salir del mercado o disminuir drásticamente la producción de vino en damajuana.
Un caso de buena performance es el de Bodegas y Viñedos Crotta, que tiene el 10% del mercado con ventas de 120 mil damajuanas al mes en todo el país. Su propietario, Carlos Crotta recuerda que la empresa fue una de las pioneras en vender vino en damajuana en Argentina junto a Borbore de San Juan que ya cerró. A principios de los 90 tenía más de la mitad del mercado.
“La calidad del vino en damajuana ha ido en aumento – asegura- actualmente el 50% es vino de mesa y el resto de varietales inclusive en roble en nuestro caso”.
Los precios van desde $27 al público en adelante según el tipo de vino, llegando a $50 en los varietales.
Crotta concentra el 50% de las ventas en Gran Buenos Aires, Santa Fe y Córdoba y en menor medida en 15 provincias más. La marca también exporta a EEUU “por la gran cantidad de colonias latinas que hay, en envases de 3 o 5 litros o en caja”.
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