Una clasificación diferente del vino

50 años hace

Existen infinidad de criterios para clasificar un vino, pero nos gustaría proponer una nueva manera de agruparlos, que resulta más práctica y efectiva. Dejemos los años, las cepas y otros matices de lado. La idea consiste en clasificar, o elegir un vino según la ocasión en el que será bebido. Ocurre que al definir este momento hay una gran cantidad de características que surgen por decantación.

Vinos para todos los días

Para lo cotidiano nada mejor que un vino familiar, estamos hablando de un vino accesible, y esto por supuesto, depende del bolsillo. Seguramente un vino liviano y de trago fácil, para beber sin mucho prejuicio acompañado las cenas de entre semana.

Vinos para el fin de semana

Cuando llega el fin de semana, estamos dispuestos a gastar un poco más (sumémosle un cero al precio anterior) y sin pretender encontrar el gran vino, ni un gran gasto, buscamos un poco más de cuerpo y estructura.
Algunas especies o notas de complejidad son ideales para degustar los fiambres y los quesos saborizados de una buena picada. Las sobremesas entre amigos invitan a vinos de cuerpo medio y mucha expresión aromática. Un toque de roble en nuestros tintos no está nada mal y si para rematar descorchamos un espumante mejor aún.

Vinos para momentos inolvidables

Por último, para las grandes ocasiones vale la pena invertir un poco más. Hay que darse un gusto, pero a lo grande. Una mesa decorada, una cena íntima, nos pide un vino de guarda o de colección. Un sabor más evolucionado en botella y bien maduro. Es aquí cuando no hay límite para el precio y mucho menos para las sensaciones.
El nacimiento de un hijo, una boda, un ascenso, un logro, la razón que te guste. Ya no es una excusa, la victoria conseguida debe festejarse en grande.

Para esos momentos inolvidables no hay nada mejor que acompañarlos con un vino inolvidable. Pensemos un vino con sabor a triunfo. Pues debemos guardar estos momentos en lo más profundo de nuestros corazones, y nos llenarán aún más de placer acompañarlos con vinos más serios y complejos. De esta forma el recuerdo del vino nos evocara aquel momento, y al añorar aquel momento saborearemos ese dichoso vino: el del triunfo.