La historia no contada del champagne

50 años hace

El champagne es una bebida asociada al lujo y a la sofisticación pero no siempre fue así. No hace tanto tiempo el vino era tema excluyente de hombres. Pero de a poco, ha dejado de ser así y las mujeres se han convertido en grandes catadoras de vinos y en expertas de la materia.  En la historia del champagne donde la mujer ha tenido una participación absolutamente destacada.

Uno de los casos más reconocidos son los de Madame Clicquot y Madame Pommery, quienes ante la muerte de sus esposos debieron asumir la dirección de sus negocios. Ambas mujeres generaron la admiración de todo el mundo por los resultados que obtuvieron en cuanto al producto. Una revolución que amplió el mundo de los sommeliers y del champagne, beneficiándolo con el aporte femenino de paladar sensible, fina nariz y gran intuición.

Es indudable que el champagne posee la envidiable condición de ser la única bebida asociada a las máximas expresiones de elegancia, refinamiento, lujo y sofisticación. Sin embargo, fue un largo camino el que recorrieron sus burbujas hasta ocupar tal privilegiada categoría.

Cuenta la historia que en Reims, corazón de la región de la Champagne, más precisamente en Hautvillers, en el siglo XVII, un monje benedictino llamado Dom Pierre Pérignon, sabio bodeguero y agrónomo, estableció las normas para hacer el mejor vino espumante de la tierra. Primero produjo uvas perfectas y después elaboró tres vinos que, al ensamblarlos, produjeron una magnífica espuma durante la segunda fermentación en botella.

Finalmente, para que las burbujas no escaparan, usó un tapón de corcho, similar al que se emplea hoy. Su mérito no fue inventar el champagne, que ya existía, sino usar el corcho como tapón y seleccionar los mejores cepajes para darle a ese espumante principesco sus especiales características. Desde entonces las cepas autorizadas para aquella región que se usan en su fórmula, son el Pinot Noir, el Chardonnay y el Pinot Meunier.

Dentro de los espumosos, los podemos dividir en dos tipos según el método de elaboración: Champenoise (como se realizan los cavas), en el que la fermentación se realiza en la propia botella, y el método Granvás (de los espumosos italianos y alemanes), en donde el vino fermenta en grandes depósitos de acero inoxidable durante 20 días. Los tipos de espumosos más comercializados son: Brut Nature, Brut, Reserva, Semiseco y Semidulce.

Si bien los primeros ensayos para elaborar espumantes en Argentina se remontan a 1899, no fue sino hasta 1960 que su producción tomó una dimensión verdaderamente importante. De todas maneras el secreto de un buen champagne no está en su precio, ni en su etiqueta ni en las uvas que se eligieron para hacerlo, sino en la cantidad de las burbujas; y cuanto más pequeñas sean, mejor.

Hoy más que nunca es sabido que en los vinos también existen modas y los gustos van cambiando e imponiendo diferentes tendencias, pero las virtudes intrínsecas que lleva el espumante, asociado con momentos inolvidables, hacen del rey de los vinos el único capaz de hacer que el mundo se vea más bello después de beberlo.